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miércoles, 7 de julio de 2010

Fullflame Alchemist

Para comprender esta historia hay que tener un mínimo de conocimientos sobre química y sobre la serie Fullmetal Alchemist, de Hiromu Arakawa (el manga por favor, no veais el primer anime...) Asi como os deseo que disfruteis con hasta el momento mi trabajo mas complicado, os pido disculpas por los errores sobre conocimientos químicos así como aquellos provocados por falta de concordancia de a serie original. Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerlo, espero vuestros comentarios (constructivos si pueden ser..). Gracias y que disfrutes ^^

Para adentrarnos en este mundo, necesitaremos olvidarnos de todo lo acontecido en el nuestro. Mecánica, medicina, política, religión.. Ninguna de esas cosas tiene cabida en nuestra historia, en la historia de Amestris, tierra que una vez conoció el verdadero significado del infierno y que fué salvado gracias a la perseverancia de aquellos que una vez fueron llamados "sacrificios".

Capítulo 1: Orgullo de Fuego





Muchos años han pasado desde que los hermanos Elric, el Coronel Roy Mustang, Izumi Curtis y Van Hohenheim lograsen destruir al homunculo. Hoy día Amestris vive en un tranquilo ir y venir, como si nada hubiese pasado, a pesar de que aquel terrible recuerdo continuaría en sus habitantes hasta su muerte. Convertida en un estado democrático, las relaciones de Amestris con las naciones colindantes fueron a mejor, sobre todo en el pais oriental de Xing, reinado por el emperador Ling Yao, el cual apostó por la restauración de su vecino, dando toda la ayuda posible a un pueblo desorganizado y perdido tras la revuelta.

No obstante, aún quedan hechos que narrar en la historia de Amestris. Historias protagonizadas por el aprendiz de uno de aquellos "Sacrificios Humanos". Hechos que afectarían ya no solo al país, sino a todo el mundo en el caos, todo por la codícia de unos pocos, y el egoísmo de otros tantos.

- Aris, ¡despierta!

El joven de pálida piel seguía tumbado en la cama, con la almohada en su cara, Tan solo unos cuantos cabellos de su oscura melena asomaban por detras.

- ¡Aaariiiiiis! - Gritó de nuevo la mujer, emitiendo un enorme resoplido

El joven se revolvió en la cama antes de abrir sus oscuros ojos. Con cara de estar agotado, se levantó de la cama (acción en la cual tropezó, casi habiendo golpeado su cabeza contra la cabecera.

- ¡Voy, voy, ya mismo bajo! - Dijo el joven bostezando.

No había dormido mal, pero tampoco se sentía descansado. "A los 19 cualquiera aguanta bién sin dormir", se ponía de excusa (aunque lo cierto es que tampoco le convencía demasiado).

Bajó rápido tras vestirse y llegó a la cocina, donde aquella mujer le saludó con una sonrisa.

- Hay que ver como duermes, ¿eh? - Dijo la mujer, en tono burlesco.

- Buenos días señorita Riza, perdón por haber tardado tanto, lo cierto es que me acosté bastante tarde... - Dijo Aris resoplando.

- ¿De nuevo en la biblioteca?, tsk, desearía que hubiese sido por alguna chica. - Dijo una voz masculina a su espalda.

Al volverse, Aris pudo ver a su maestro, saludandole con una gran sonrisa.

- Hola, Maestro, buenos días. - Respondió.

- Hola Roy, ¿té? - Dijo Riza

- Si, por favor, y gracias. - Respondió Mustang

- Y por favor, deja de atosigar a Aris, ya sabes que nunca será como tu. - Advirtió Riza al darse la vuelta.

- Nah, yo a su edad ya había tenido novia. Ademas, somos los alquimistas de la llama, Aris, ¡tienes que encender la llama de la pasión! - Dijo Roy echandole muchas ganas.

- Ya... creo que en ese tema estoy algo requemado... - Dijo Aris chocando la cabeza contra la mesa.

- Aaaah, mi joven alumno, el amor se basa en sacrificios, jojojojojo

- Rooooy, ¡déjalo ya! - Insistió Riza.

- Vaaale, perdona, tan solo quiero lo mejor para mi alumno. - Dijo Roy con un brillo de picardía en los ojos

- Es joven, dale tiempo.

- (Pasan de lo que opine yo... desde luego son tal para cual...) - pensó Aris

- Bueno, Aris, pasemos a temas mas serios, hoy vas a tener que emprender un largo viaje.

Este, extrañado, miró con cara de asombro a su maestro.

- ¿Viaje, donde?

- A Ishbal

- ¿A Ishbal?, ¿para que?

- No paran de llegar noticias de robos y ataques a los ciudadanos. Ya sufrieron un infierno una vez, le debemos paz al pueblo ishbalí.

- Claro, iré sin problema, Maestro.

- Pero antes de irte, Aris... - Preguntó Roy, muy serio.

- ¿Si? - Respondió el joven

- ¿Como lo llevas?

-Ah, eso... - Dijo girando la cabeza

- Vamos, quiero ver lo que has aprendido.

- Esta bien...

Roy salió de a cocina y fué en dirección al patio.

- Ánimo, tiene muchas esperanzas puestas en tí - Dijo Riza, acercandose a Aris y sonriendole.

- Ya, es solo que...

- No temas, no le decepcionarás. ¡Vamos! - Dijo Riza amablemente

Aris asintió y se levantó de su asiento, siguiendo a Riza. Enfrascado en sus pensamientos, no pudo guardar el equilibrio tras sentir dos enormes patas colocarse en su espalda y empujarlo hacia el suelo.

Quejándose de dolor, se dió la vuelta para encarar al temible enemigo. Un enorme perro negro comenzó a menear la cola, para acto seguido lamerle la cara sin cesar, colocando de nuevo sus patas encima de el.

- Hola, Hayate Negro, siempre me pillas desprevenido.

El cánido meneó la cola con mas fuerza y emitió un gran ladrido, para despues continuar lamiendole la cara.

- Hey hey, ¡para ya hombre!. Si si, yo tambien te quiero,¡ pero detesto tener la cara llena de tus babas!

Con cuidado apartó al perro de al lado suya, pero este volvió a saltar encima suya, tirándolo hacia atras.

Aris no emitió palabra. Con una cara asesina, sacó un guante blanco de su bolsillo y se lo puso en la mano. Hayate Negro, con los ojos como platos, dió un paso hacia atras. Estaba bastante asustado (aunque Aris nunca le hizo nada, a diferencia de Roy...) y dió cada vez mas pasos, hasta quedarse atras y sentado. Aris entonces se levantó y suspiró al ver la cara de miedo del pobre animal. Se dió media vuelta y se dirigió al patio, donde Riza y su maestro le estaban esperando.

- Venga, veamos que sabes hacer. - Dijo Roy al ver que su alumno llegaba. - Em... ¿que tienes en la cara? - Preguntó sorprendido al ver el rostro babeado de Aris.

. Em... solo un altercado con Hayate Negro, descuida...

- Jaja, no se que tienes que siempre anda detras tuya. - Rió Riza

- Ya... - Suspiró Aris

- Bueno, vamos, prepárate. - Dijo Mustang, con seriedad.

El joven alumno entonces sacó otro guante de su bolsillo y lo colocó en su otra mano. Eran unos guantes blancos, con un extraño círculo alquímico dibujado en la zona exterior.

- Bien, cuando quieras.

Aris asintió y un dió un chasquido con los dedos. De sus manos brotó un rayo que se dirigía hacia Roy. Este junto sus manos y acto seguido las puso en el suelo, transmutando una gruesa pared de roca, que le protegió del ataque del joven. Aquel rayo impactó contra el muro, produciendo una intensa llamarada.

- ¡Recuerda, Aris, de nada sirve un gran ataque si no impactas en el enemigo! - Gritó Roy

El joven dió un gran salto para atacar desde arriba. Chasqueando ambas manos, creó una enorme oleada de fuego que se digiría a Roy,, pero otro gran muro apareció arriba de el, bloqueando de nuevo el ataque. Aris cayó al suelo sonriendo, y un fuego enorme apareció dentro del muro de Roy, levantando mucho humo.

Cuando el humo se disipó, el muro había quedado completamente negro. Este se derrumbó poco después, dejando ver una estructura ovalada, semejante a un huevo.

Riza esbozó una sonrisa y cruzó sus brazos. De pronto, una parte de aquel muro se derrumbó, saliendo de el una mano, la cual, al igual que Ace, portaba un guante blanco.

A Aris le bastó tan solo un segundo para reaccionar y saltar hacia su izquierda, antes de que una llamarada pasase por su lado, quemándole algunos pelos del cabello.

- Aaaaah, ¡maldita sea! - Gritaba mientras intentaba apagar el fuego de su cabeza.

- Buen ataque... - Decía Roy , el cual salía de su escudo pétreo, mostrando su brazo derecho, quemado e inerte. - Un segundo mas y todo hubiese acabado...

- ¡Perdón maestro, nunca quise!

Aris no pudo terminar la frase, pues un enorme bloque de piedra impactó contra su estómago, haciéndole caer de rodillas y escupiendo sangre al suelo.

- ¡Nunca pierdas la concentración, puede significar la vida o la muerte!

- ¿Copiando a Edward, Roy? - Dijo Riza desde la distancia, lo que provocó un gesto de enfado en el rostro de Roy.

- Esta bien... Usaré mis propias armas. ¡Preparate, Aris!

Aris se puso en pié y vió como una enorme bola de fuego se dirigia hacia el. Rápidamente se puso en pié (a pesar del enorme dolor que tenía en el estómago) y chasqueó sus dedos, emitiendo una llama que chocó contra la de roy. Desgraciadamente, el fuego de Roy continuó avanzando e impactó contra Aris, el cual se cubrió la cara con las manos. Al extinguirse, Aris separó sus manos de su cara, asustándose al ver como su cara presentaba quemaduras, afortunadamente leves. Sus guantes tambien estaban calcinados, quedando inservibles.

- Pe...pero... ¡¿No se supone que es una tela inífuga?!

- ¡Vamos Aris, ahora! - Dijo Roy, juntando las palmas de nuevo y con un resplandor, del suelo aparecía una espada transmutada desde el suelo, que fué a parar a sus manos

- De nuevo copiándole... - Dijo Riza, pero esta vez Roy hizo caso omiso.

- Tsk, habrá que probarlo... - Susurró Aris, mientras desenvainaba su espada. Era una curiosa espada, pues estaba hecha de un material poroso, pero aun así mantenía el filo de acero. Golpeo con su quemada mano la espada, la cual emitió unas chispas y comenzó a envolverse de un fuego intenso.

- ¡Allá voy! - Gritó Aris, mientras cargaba contra su maestro. Este, ya preparado, evitó sin problemas el ataque de su alumno, aunque las llamas pasaron demasiado cerca de su cara.

- ¡Bien, bien, sigue así! - Dijo Roy, mientras se cubría de los ataques de Aris.

El alumno intentaba encontrar los puntos débiles de su maestro, pero sus ataques eran lentos, pues mantener la llama de su espada y atacar al mismo tiempo le era complicado. Roy pasó al ataque, y sus rápidas estocadas terminaron por desestabilizar a Aris y hacerle caer, al mismo tiempo en el que la llamarada de su sable se extinguió.

El maestro enfundó su arma, y tras un suspiro, dió su mano a su alumno para ayudarle a levantarse.

- Maestro... - Dijo Aris, con la mirada hacia un lado

- Quítatelo de la cabeza, Aris. Solo se consigue con tiempo y esfuerzo. Yo tardé años en conseguir crear una llama tan pequeña como la de un mechero (sin contar el golpe que recibí de mi maestro despues de ver eso...). Tu sin embargo, tienes mucho potencial, pero debes darte tiempo, ¿de acuerdo?

- Si, maestro.

- ¡Ese es mi alumno! - Dijo Roy sonriendo, dando una palmada en la espalda de su alumno. - Por cierto... la próxima vez ten mas cuidado... que tengo la ropa achicharrada, pero casi pierdo el brazo...

- ¡Oh!, lo... lo siento, nunca pretendí...

- Venga hombre, no ha pasado nada, asi que no hay de que preocuparse. Ahora vamos a darnos una buena ducha, ¡que hay que quitarse este olor a barbacoa!. Ademas, el día que lo logres te tendrás que llamar "El Alquimista de la llama inmortal". Suena bien, ¿eh?

- Sería un orgullo llevar ese nombre - Respondió Aris

- Hasta entonces, tienes que ponerle empeño, ¿de acuerdo?

- ¡Si! - Asintió Aris mientras marchaba andando a su habitación.

- ¿Como lo ves? - Preguntó Riza, la cual se había acercado a Roy

- Anda un poco verde. Pero teniendo en cuenta que con pocos mas años que el yo asesinaba gente en ishbal... - Dijo Roy sin poder terminar la frase

- Sabes - Dijo Riza, poniendo su mano en el hombro de Roy. - Cuando este joven apareció en nuestra casa, rogando ser tu aprendiz, y cuando tu aceptaste, creí que estabas loco.

- Si, aún me duele la cabeza de recordar los golpes... - Rió Roy, poniendo su brazo sobre su cabeza

- Juramos que nunca mas existiría otro "Alquimista de Fuego", y sin embargo mira. Tengo una marca imborrable de aquella decisión en mi espalda, pero si te soy sincera... Creo que Aris es el único adecuado para recibir tus enseñanzas y las de mi padre.

- La verdad es que si... Mis llamas exterminaron y masacraron... Tengo fé de que las suyas salven vidas.

- Seguro, tiene un gran maestro - Dijo Riza, abrazando a Roy

- Eh, tu sin ser mi profesora me enseñaste a luchar contra mi mismo. - Dijo Roy mientras ponía su brazo sobre Riza. - Ademas le has inculcado una fuerte moral, cosa que nunca pude hacer.

- Es curioso... porque yo la aprendí de tí - Dijo Riza mientras rodeaba con sus brazos el cuello de Roy, y los ojos de ambos se miraban fijamente.

Y así, mientras el joven alumno retiraba las cenizas de su cuerpo (que no fueron pocas...), el sol de la mañana fue el único testigo de aquel beso, demostrando que no todas las llamas presagian la muerte.

Cuando Aris salió de la ducha, encontró en su cama un impoluto traje azul, al parecer era un uniforme antiguo del ejercito. Pasó sus dedos sobre el, sonriendo al notar aquel tacto tan suave, hasta que su mirada se centró en un pequeño objeto plateado. Era un reloj de bolsillo, algo pesado, frío al tacto. En la parte frontal había dibujado un hexagrama en cuyo interior había un león. Debajo del reloj sobresalían unos desgastados guantes, iguales a los de su maestro. Aris no terminó de comprenderlo, pero se vistió con las ropas, las cuales sorprendentemente eran de su talla. Al ajustarse el traje, observó que el bolsillo contenía algo. Metió la mano para sacarlo y observó que se trataba de un pequeño diario marrón, tambien un poco gastado. Con gran curiosidad lo abrió, leyendo la primera página, la cual decía lo siguiente:

"Mañana quedaré con Lucy. Lo cierto es que no es tan guapa como Isabella, pero tiene un porte y galantería únicas. Este sábado iré con Maria al cine, creo que podré lograr algo interesante...

He observado que Alyssa se está pintando los labios últimamente cuando quedamos... creo que pretende algo conmigo (¡bien por mi!), aunque todavia no se que hacer con Ashley... el plantón que me dió el otro día me va a marcar... todavía me duele la cara de la bofetada.."

Aris no pudo continuar leyendo, la verdad es que la fascinación de su maestro por el genero femenino era algo que le agobiaba un poco, pero reconocía que le daba carisma. Guardó el libro de nuevo en el bolsillo, junto con los guantes, y colocó el reloj en el interior de otro bolsillo, colgando la plateada cadena del traje. Se colocó el cinto de su espada y con un suspiro, abrió la puerta.

Bajó las escaleras, y encontró en la cocina a su maestro abrazado a Riza.

- Ajem - Hizo Aris para denotar su presencia.

La pareja miró al joven con la cara un poco roja (aunque tampoco les importaba demasiado, ademas Aris estaba acostumbrado ya a verlos en ocasiones bastante acaramelados)

- ¡Vaya, Aris, te queda genial! - Dijo Riza, sorprendida

- Lo cierto es que si, ya sabía yo que te quedaría genial. - Dijo Roy sonriendo.

- Lo que no entiendo es que es el reloj...

- Ese traje, Aris, es mi uniforme de coronel. Lo llevé hace muchos años, cuando Amestris todavía era regida por un dictador.

- King Bradley... - Susurró Aris.

- Olvídalo, esos fueron tiempos pasados. Quería que mi alumno llevase mi uniforme y mi reloj, que tanto tiempo me acompañaron.

- En ese caso lo llevaré con orgullo, maestro. - Sonrió Aris.

Roy se acercó a su alumno y posó sus manos sobre sus hombros.

- ¡Así se habla! - Respondió

- Lo que no entiendo es... - Dijo mientras metía la mano en el bolsillo y sacaba el diario. - La función de ESTO

- Eso te servirá en un futuro, Aris, estoy seguro. - Dijo Roy con una mirada seria. - Ademas...

- ¿Si?

- ¡Seguro que aprendes un par de cosas sobre las mujeres y sobre mi desatada juventud! - Gritó Roy con orgullo, poniéndose recto y con el puño al aire

Aris bajó la cabeza avergonzado, metiendo de nuevo el libro en el bolsillo.

- Bueno, hablemos de cosas mas serias, siéntate. - Indicó el maestro a su alumno, tomando este asiento - Quiero que vayas a la frontera con Ishbal, allí encontrarás a un hombre llamado Miles. Quiero que le preguntes sobre los ataques y que ayudes en lo que puedas, ¿de acuerdo?

- Si, partiré ahora mismo - Respondió el alumno

- En ese caso, ten mucho cuidado, lo que hay ahí fuera puede ser peligroso.

- Lo tendré, maestro.

- Ah, por cierto Aris. Si ves a un hombre con una cicatriz en la cara... salúdalo de mi parte.

- Así lo haré

Aris se levantó de la mesa, se dirigió a la entrada, pero la voz de Riza le hizo detenerse.

- ¡Hey, espera! - Dijo Riza, acercándose a el

- Oh, perdoname, ¿ocurrió algo?

- No, nada, quería hablar contigo.

- ¿Sobre que? - Preguntó Aris

- Sobre Roy.

- Claro

- Veras, Aris.. - Se detuvo Riza, buscando las palabras - Roy fué el alumno de mi padre, un gran alquimista y el primer alquimista de fuego.

- No lo sabía...

- Juró en el lecho de muerte de mi padre que usaría sus enseñanzas para salvar vidas. Y así lo hizo, salvó muchas vidas... pero a costa de muchas otras... vidas inocentes.

- La masacre de Ishbal... - Susurró Aris

- Así es. Lo que quiero decirte es... prometimos que no habría otro Alquimista de fuego, y sin embargo hemos creado otro. Queremos que tu triunfes donde nosotros fracasamos... Usa los conocimientos que Roy te ha enseñado para salvar vidas.

- Descuida, así lo haré, señorita Riza.

- No te digo que no tengas que usar tu poder... en este mundo hay mucha clase de peligros, y a veces por desgracia se necesita matar para sobrevivir... pero nunca robes una vida inocente.

- No se preocupe, por favor, soy consciente de ello

- Me alegro - Dijo Riza sonriendo - Ademas, ¡déjate de formalismos conmigo, llevo años diciéndotelo!

- Bueno, debo de guardarle el respeto que se merece

- ¡Nada de respeto, no seas tonto!. A partir de hoy, Riza asecas, ¿de acuerdo?

-Esta bien, esta bien, fuera formalismos - Dijo Aris sonriendo

- ¡Bien!

- Por cierto... - Dijo Aris bajando la mirada

- ¿Si? - Preguntó Riza

- Tengo que daros las gracias.

- Oh, ¿por que? - Dijo Riza sorprendida.

- De pequeño lo perdí todo. Creía que mi vida estaba acabada, no tenía donde ir, ni modo de sobrevivir. Sin embargo, cuando lo de mis padres, vosotros...

Riza interrumpió a Aris, dándole un fuerte abrazo, y este a su vez rodeó la cintura de Riza con los suyos.

- Cuando todo terminó, vinimos a esta casa felices, pues habíamos cumplido nuestro objetivo, pero tambien estabamos llenos de amargura, muchas muertes dejamos a nuestro paso. En aquel momento apareciste tu, un chiquillo que habia perdido su inocencia. Nosotros tenemos que darte las gracias a ti, nos salvaste de nuestro propio pesar.

- Vosotros sois como los padres que nunca pude tener... - Dijo Aris en voz baja

- Y tu eres el hijo que nosotros no pudimos tener... - Contestó Riza - Ten cuidado, ¿vale?

- Lo tendré - Dijo Aris, separandose de Riza - Despidete de Hayate Negro por mi, ¿vale?

- Se pondrá triste, pero lo superará, no te preocupes.

- Gracias de nuevo, señorita Riza

- No hay por que darlas, ¡¿pero se acabó lo de señorita vale?!

- Jaja, descuida, Riza.

- Ah, ¡Aris!, una última cosa - Dijo antes de que se alejase demasiado

- ¿Si?

- Recuerda, todo está en el aire.

- Ah, lo tendré en cuenta. -Dijo el joven, extrañado

Con una sonrisa, Riza cerró la puerta despues de que el joven diese la espalda a la casa. Así Aris comenzó su viaje a la frontera de Ishbal, sin percatarse de la atenta mirada de su maestro, el cual lo observaba desde el salón, henchido de orgullo y con fé de que su alumno, su hijo, triunfase portando su legado.

lunes, 5 de julio de 2010

Sueño Turbio

Llega la hora de dormir. Angustiado, como todas las noches, va sin apenas poder moverse hacia el cómodo lecho en el cual se lanza. Que calor... piensa antes de darse la vuelta. Bosteza, ya que ha perdido el sueño, cosa a la cual ya esta acostumbrado.

Tras media hora malgatada en pensamientos y preocupaciones absurdas, empieza a senir un pesar en sus ojos, que a pesar de que sigue despierto, evita que pueda abrirlos de nuevo. Comienza a sentir algo nublado en su vista, y su cerebro comienza a crear el nuevo mundo.

Una ciudad, tranquila, plagada de edificios, pero sin un alma. Se encuentra en una noche oscura, ni siquiera hay luna. Sin preguntarse que hace alli, comienza a andar. Anda, anda y anda sin parar pero lo único que cambia es el paisaje, nadie aparece por allí.

De pronto se encuentra en la puerta de su casa, en un precioso día. Al darse la vuelta ve a su hermano, un joven pequeño. Sostiene un cuchillo en la mano y en su cara una sonrisa inhumana. Léntamente se acerca hacia el, y el sabe lo que va a ocurrir. Intenta abrir la puerta, pero no puede. Grita, pero nadie le oye. Intenta escalar la muralla, pero sus piernas estan desprovistas de fuerza y se precipita de nuevo al suelo. Se dá la vuelta, está cada vez mas cerca. Sudor cáe por su cara, intenta arrastrarse hacia atras, pero ya no hay salida. Cuando su hermano está ya pegado a el, suplica por su vida, pero no sirve de nada. Con un gesto casi mecanico, el cuchillo le es hundido en el pecho con una sensación de algo fino y frío atravesando su cuerpo. El dolor es inmenso, los rápidos latidos de su corazón solo consiguen aumentar el dolor al rasgar el músculo con cada movimiento. El dolor se desvanece, sus ojos se pierden, al igual que su consciencia.

Nadie en la ciudad, lo cual le empieza a preocupar. Oye unos pasos rápidos y unos gritos, y decidido, vá corriendo para ver que ocurre. Un grupo de nueve o diez personas se acercan por la calle, como huyendo de algo terrorífico, luchando por sobrevivir. Al fondo puede ver extrañas criaturas agazapadas caminando con sus cuatro enormes patas y luciendo unas gigantescas y afiladas garras cubiertas de sangre. Un hombre le grita que huya, que salga de alli, instantes antes de ser cortado en dos por uno de aquellos seres. Aterrado, dá media vuelta y empieza a correr, sin mirar atras, escuchando gritos de dolor y ruidos de carne desgarrada.

De nuevo en su casa, esta vez en la parte de atras. Su mejor amigo en la piscina, invitandle a entrar. Se acerca, pero no entra en la piscina. Sin darse cuenta, su amigo lo arrastra al agua, dándose un tremendo golpe en la cabeza. Unas fuertes manos mantienen su cabeza hundida en la piscina. Respira agua, traga agua, sus brazos no son suficientes para contrarrestar la tremenda fuerza de su amigo. Un instante antes de que la sensación del agua en sus pulmones y la falta de aire acaben con el, pudo ver en el rostro de su amigo un gesto de cariño, de comprensión.


Ha logrado despistarlos. Aún se oyen a lo lejos los sonidos de la carne cercenada, de las mandíbulas masticando algo crudo, mezclado con el crujir de huesos. Respira hondo e intenta agazapado caminar entre los coches, donde sea dificil localizarle. Una voz susurra en su cabeza.
"Vé a la casa", le dicen. Una voz femenina y clara como la mas fina copa de cristal. Es de locos seguir una voz que ni siquiera sabes de donde procede pero... ¿acaso aquellas criaturas no eran salidas de algún tipo de serie de terror?. Por extraño que parezca, sabe donde se encuentra esa casa, y al poco tiempo llega a ella, donde gira lentamente el pomo que le conducirá a su destino.

Sus ojos se abren. Intenta mover sus brazos y piernas, pero no le responden. Está fuera de su casa, enmedio de la carretera, amarrado de piernas y brazos. Por más que lo intenta no puede soltarse. Al mirar hacia delante, su madre se encuentra dentro del coche, y lo pone en marcha.

Suplica, grita, pero al igual que las otras veces, nadie viene en su ayuda. el coche comienza a avanzar a tremenda velocidad, hasta que con un frío impacto, se siente mas liviano, tras un tremendo sonido de carne cayendo al suelo, estrujándose. No hay dolor, pero si miedo, miedo de ver como una de sus piernas está en el suelo, y la otra cuelga por la tela del pantalón empapado en sangre. En el suelo sus entrañas reventadas al impactar le hacen vomitar, antes de perder el conocimiento.

Lleva mas de media hora en la casa, subiendo unas tremendas escaleras de caracol que parecen no terminar. Tiene los pies cansados, pero sabe que debe llegar arriba, por lo que se mantiene fírmemente.

De pronto, se encuentra en su cama, la cual mas bien parece la bañera, pues está empapada. Se dá cuenta de que es su propio sudor. Otra vez, se dice, antes de poner sus manos en la cara. Se levanta, agotado, para mirarse al espejo. Dos enormes y oscuras ojeras cubren la parte inferior de sus ojos, ya forman parte de su cuerpo casi tanto como sus manos o piernas. Mira hacia abajo, resopla agobiado, y comienza un nuevo día, cargado del terror y angustia que le trae el pensar en la siguiente noche...