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domingo, 15 de agosto de 2010

Fullflame Alchemist: 3º Capítulo

Capítulo 3: El héroe pródigo

- Vaya, creo que es hora de levantarse. – Dijo el hombre de dorados ojos, al despertarse por losrayos de sol que acariciaban su rostro
Abriendo las ventanas, sintió una cálida corriente de aire golpearle en la cara. Siempre agradecería cada una de las sensaciones que percibiera, sabía que era un regalo, después de todo lo que pasó.

Sus tiempos como alma encerrada en una armadura habían quedado atrás, pero todavía le perseguían a veces en sueños. Su padre, la piedra filosofal, los homúnculos, Bradley. Todos no eran más que oscuros recuerdos, los cuales le parecían casi un cuento de hadas. Ahora, sin embargo, tenía una vida que disfrutaba. Vivía en la capital de Xing, tenía a Mei, su querida esposa, y a Lili, su hija, la cual a pesar de tener los típicos caracteres orientales, había heredado su color de pelo, ojos y su tonalidad clara de piel (aunque a sus dieciocho años, había heredado toda la belleza de su madre). Había aprendido bastante sobre la waidan (el estilo de alquimia de Xing, más inclinado a la medicina), aunque todavía tenia que perfeccionar su técnica.

- ¡papá, vamos, a desayunar! – Gritó Lili desde la cocina
- ¡Ya voy Lilian, no tardo!

- ¡Vale pero luego no protestes si te quedas sin sirope

- Aah, Dios, me tiene loco… - Suspiró, antes de abrir las puertas correderas y dirigirse con su familia

- Hola querido - Saludó Mei desde la silla.

- Hola Mei, perdon por levantarme tan tarde,

- Descuida, Alphonse, tengo asumido que prefieres pasar las noches entre libros que en la cama. - Dijo Mei, provocando una sonrisa de verguenza en el rostro de Alphonse.

- Papá, llevo años aprendiendo sobre waidan, pero apenas sé nada de la alquimia de Amestris, ¿cuando me vas a enseñar de una vez? - Dijo Lilian

- Eso, Al, viniste aquí a aprender de mi y no me enseñaste nada. - Protestó Mei

Alphonse se sentó en la mesa y mordió uno de los bollos de la mesa, suspirando.

- Cuando llegué aquí solo sabías decirme cosas como "siente la corriente del dragón y entonces, ¡pium!". ¿¡Como ibas a entender la teoría alquímica!?

- ¡Nunca lo intentaste! -Dijo Mei levantándose y apoyándose en la mesa con una mano, encarando a su marido

- ¡Si que lo hice, y lo sabes! - Respondió Alphonse, haciendo lo mismo

- Em, parad, por favor, discutís sobre una tontería. - Intentó Lilian mediar entre sus progenitores, pero ambos la miraron con una cara que parecían salir cuchillas invisibles de sus ojos, que se clavaban en su rostro.

Alphonse volvió a sentarse en la mesa, suspirando.

- Vale, vale, tu ganas, intentaré una vez más explicarte lo mas básico.

- Bien, te escucho. - Dijo Mei

- Aunque mi hermano y yo hayamos estado practicando una nueva teoría, la alquimia se basa en el fundamento del "Intercambio Equivalente". Es decir, que no puedes crear algo de la nada, creas algo nuevo a partir de una materia. Es decir, puedes crear un puente usando materiales de alrededor, pero no puedes crearlo a partir de la nada, así como tambien tienes que respetar el elemento fundamental de lo que estes transmutando. Básicamente, recibes lo mismo que consumes, es decir, si quieres algo, tienes que dar algo a cambio del mismo valor.

En el rostro de Mei se dibujó una mueca de confusión

- Pero... tu me explicaste algo sobre... poner algo... no...recuerdo

- Esa teoría no tiene lógica

El matrimonio contempló con sorpresa el comentario de su pensativa hija, la cual meditaba sobre lo que su padre acababa de explicar.

- Pero... ¿por que dices eso? - Preguntó Al

- No se puede crear un puente simplemente con materiales... se precisa de energía que desplace los materiales, luego al final resulta que lo que quieres transmutar cuesta mas de lo que tienes en origen.

- Bueno, en Amestris utilizábamos la energía proveniente de los movimientos en el interior de la tierra, así que realmente...

- No, aún así, hace falta tu propia energía. Tu movimiento, tu concentración, tu esfuerzo... es energía que se consume, como si aquello que creas tuviese la marca imborrable de tu esfuerzo, una especie de seña personal.

Mei, tras unos segundos, comenzó a reir mientras su marido miraba fíjamente a su hija, totalmente sorprendido y mudo.

- Yo... ¿dije alguna estupidez? - Preguntó Lili, sonrojada

- Tu... acabas de...nosotros... tardamos años en... en descubrir eso, pero tu... tu en un... en un segundo... yo...

El rostro de la joven Lili se mostró aún más colorado, casi llegando a la tonalidad de un tomate

- Que, querido, ¿sigues empeñado en no enseñarle nada? - Rió Mei

Alphonse colocó su mano en el cuello, avergonzado

- Parece que tendré que replanteármelo...

- Yo... papá... - Balbuceó Lilian

Sigo proximamente!

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